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Hacia Una Economia Baja En Carbono |
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viernes, 11 de diciembre de 2009 |
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El mundo tiene estos días la vista puesta en la Cumbre de la ONU contra el Cambio Climático, que se celebra en Copenhague. No es para menos. Su objetivo es poner negro sobre blanco el futuro modelo energético del planeta
El clima de la Tierra está cambiando. En los últimos cien años la temperatura media del planeta ha aumentado 0,7 grados centígrados. Los científicos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) aseguran que ya no hay margen para la duda: la actividad humana está detrás de este calentamiento global, y avisan de que los impactos pueden ser abruptos e irreversibles.
Algunos de estos cambios ya los conocemos, puesto que los estamos sufriendo, mientras media humanidad pone trabas a la reducción de emisiones contaminantes en pro de un desarrollo ya conseguido, y la otra media, con los ojos puestos en ese mismo objetivo, sufre, sin posibilidad de adaptación, los avatares de un clima que no perdona.
Así, en las últimas décadas las precipitaciones se han incrementado en el este de Norteamérica y Suramérica, norte de Europa y Asia central y septentrional, mientras que la sequía ha golpeado de lleno la región mediterránea, el Sahel, el sur de África y algunas zonas de Asia meridional. Sequías que se han hecho más intensas y largas desde los años 70, particularmente en las regiones tropicales y subtropicales. En algunas zonas, la frecuencia de episodios de fuertes lluvias se ha acentuado.
También se han registrado temperaturas extremas a lo largo y ancho del planeta. Días fríos, noches heladas se han vuelto menos frecuentes, mientras las jornadas calurosas y las olas de calor están prácticamente a la orden del día. ¿Les suena? Pues la probabilidad de que esto se repita va del 90 al 99 por ciento.
Éstas son las claves científicas de lo que ahora es un importante problema político. Globalmente, las emisiones están creciendo de manera constante, haciendo su reducción lo más urgente (mitigación). Pero también está claro que algunos cambios ya son irremediables, por lo que hay que actuar para reducir esos impactos (adaptación). Digamos que los científicos han puesto deberes a los políticos.
Y estas tareas pasan por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 25 y un 40% en 2020 sobre los niveles de 1990; y en una segunda fase entre un 50 y un 80% para 2050. Todo ello con un objetivo: que la temperatura global no aumente más de 2 grados centígrados sobre los niveles preindustriales, porque entonces los impactos serán irreversibles y de magnitud colosal. En palabras de Rajendra Pachauri, presidente del IPCC, organismo galardonado con el Nobel de la Paz en 2007, «si no tomamos medidas ahora, los efectos del cambio climático van a desestabilizar la paz».
Acordar cuotas de reducciónPor eso, algunos analistas hablan de la Cumbre contra el Cambio Climático que estos días se celebra en Copenhague como la reunión más importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las potencias aliadas —léase ahora países desarrollados— no tienen ya que repartirse territorios ni levantar muros ni telones ideólogicos, sino acordar cuotas de reducción de emisiones contaminantes que aseguren que no se va a superar el límite de aumento de dos grados de temperatura. De no hacerlo, las barreras que tendrán que levantar serán para contener la subida del nivel del mar prevista en las proyecciones de los científicos del IPCC. |